sábado, 29 de octubre de 2016

Cuba: El Gran Cambio?

por: Katarzyna Dembicz

No cabe duda. Cuba vive, en la actualidad, un proceso de profundos cambios socio-económicos de carácter estructural.
La mayoría de los observadores de la realidad insular está de acuerdo con esta afirmación.
Pero, no cabe duda, tampoco, que cada transformación económica viene acompañada de cambios sociales.
Esto se debe a la multidimensionalidad del proceso, que podemos entender como un fenómeno extendido en el tiempo que lleva a una profunda metamorfosis de las estructuras sociales: instituciones, organizaciones, gentes (individuos y grupos).
A la vez, la transformación transcurre tanto en el espacio real como en los imaginarios colectivos e individuales.
El impulso para tal puede provenir de una o diferentes fuentes, y sus fuerzas motrices pueden ser diversas.
Sin embargo, a pesar de ser conocidos los propósitos generales del cambio, es difícil determinar su fin, ya que son diferentes factores que influyen y modifican su rumbo y efectos.
Éstos últimos pueden ser difíciles de medir o hasta inmedibles, lo cual lleva a una incerteza o incertidumbre del proceso.
LAS REFORMAS IMPLEMENTADAS
Siguiendo las pautas arriba mencionadas en el caso cubano, podemos identificar todos estos elementos.
Es decir, la toma del poder por Raúl Castro en el año 2006 ha impulsado reformas que están llevando a Cuba a una reestructuración y diversificación de su economía, enlazándola con el mundo globalizado y la sociedad red.
El rumbo de éstas está definido en los ‘Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución', aprobados el 18 de abril del 2011 durante el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Indicaciones que obedecen a un objetivo principal: disminuir el peso social con el cual carga el Estado cubano desde hace décadas.
Un modelo insostenible en la actual situación demográfica y económica del país. Sujeto a estos fines, el gobierno cubano abrió su economía a las inversiones extranjeras y a una mayor entrada de turistas.
Paralelamente, retrasó la edad de jubilación, redujo el empleo entre los funcionarios públicos, disminuyó varias gratuidades sociales, posibilitó el arrendamiento de tierras agrícolas y amplió el margen para la actividad del sector no estatal.
Todo esto en un entorno mundial favorable, gracias al acercamiento político y económico entre Cuba y los Estados Unidos.

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